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Día Mundial de la Fotografía: tenemos más fotografías que nunca

El año pasado celebrábamos el Día Mundial de la Fotografía recorriendo un camino que empezaba con el daguerrotipo y terminaba en la era digital. Hablábamos de memoria, de presente y también de futuro.

Un año después podríamos empezar desde el otro extremo.

Nunca habíamos hecho tantas fotografías. Nunca habíamos tenido tantas cámaras a nuestro alcance. Y probablemente nunca habíamos dedicado tan poco tiempo a muchas de las imágenes que hacemos.

La fotografía ha tenido un éxito extraordinario. Tanto, que a veces resulta difícil verla.

La cámara que siempre llevamos encima

Durante buena parte de la historia de la fotografía, hacer una foto exigía tomar algunas decisiones antes de disparar. Había que llevar una cámara, comprar película, limitarse a un número determinado de exposiciones y esperar para conocer el resultado. Incluso durante los primeros años de la fotografía digital, salir a fotografiar seguía significando normalmente llevar un aparato destinado específicamente a ello.

El teléfono móvil cambió esa relación.

Ahora la cámara nos acompaña aunque no tengamos ninguna intención de hacer fotografías. Está disponible cuando viajamos, cuando encontramos a alguien, cuando vemos una luz inesperada o cuando queremos conservar una escena familiar. Pero también cuando necesitamos recordar dónde hemos aparcado, enseñar un producto, guardar un documento, copiar un horario o enviar por WhatsApp lo que tenemos delante.

La fotografía no ha perdido importancia. Ha adquirido tantas funciones que ya no siempre somos conscientes de estar utilizándola.

Eso explica en buena medida su abundancia. Fotografiar apenas tiene coste y borrar tampoco parece necesario. Podemos hacer cinco, diez o veinte versiones de una misma situación y decidir después cuál preferimos. O no decidirlo nunca.

Hacer fotografías no significa mirarlas

Los archivos crecen con facilidad. Miles de imágenes permanecen almacenadas en teléfonos, discos duros y servicios en la nube. Algunas volverán a aparecer dentro de unos meses porque una aplicación nos las recuerde. Muchas otras quizá no las volvamos a mirar.

No hay necesariamente nada malo en ello.

Muchas fotografías nacen para cumplir una función inmediata y no necesitan convertirse en memoria. La imagen de un contador, una captura de pantalla o la fotografía que enviamos para explicar dónde estamos pueden dejar de interesarnos unos minutos después.

Pero en ese mismo archivo conviven también otras imágenes.

Fotografías familiares que todavía no sabemos cuánto significarán dentro de veinte años. Un viaje que recordamos de manera distinta a como aparece en las imágenes. Personas que ya no vemos. Lugares que han cambiado. Fotografías técnicamente mediocres que conservamos porque contienen algo que ninguna imagen mejor podría sustituir.

La abundancia introduce entonces un problema que tiene poco que ver con cámaras, objetivos o megapíxeles: elegir qué merece nuestra atención.

Quizá uno de los problemas de tener más fotografías que nunca sea que cada fotografía dispone de menos tiempo para ser mirada.

Hemos aprendido a producir imágenes con una facilidad extraordinaria. No está tan claro que hayamos aprendido con la misma rapidez a seleccionar, ordenar, conservar y volver a mirar.

Una fotografía entre miles

El Día Mundial de la Fotografía puede ser una buena excusa para salir con una cámara. También para probar una técnica, visitar una exposición, comprar un libro o simplemente prestar más atención a las imágenes que encontramos durante el día.

Pero este año podríamos celebrarlo de otra manera.

En lugar de hacer una fotografía más, podemos buscar entre las que ya tenemos.

No hace falta encontrar la mejor. Ni siquiera una buena fotografía según criterios fotográficos. Puede ser una imagen familiar, una fotografía de trabajo, una escena tomada con el móvil, algo que hicimos hace veinte años o una foto de la semana pasada.

La única condición sería detenernos ante ella durante un momento y preguntarnos por qué la hemos elegido entre tantas.

Una fotografía entre miles. Iluminada por Gavilá, 1959. (Archivo familiar)

Quizá descubramos que nos interesa por la luz, por una persona, por aquello que estaba ocurriendo fuera del encuadre o simplemente porque nos devuelve a un lugar en el que estuvimos. Tal vez decidamos imprimirla. Quizá la enviemos a alguien. O puede que solo la miremos unos segundos más antes de devolverla al archivo.

En cualquiera de esos casos habrá ocurrido algo cada vez menos frecuente: una fotografía habrá dejado de ser durante un instante una imagen más entre miles.

Tenemos más fotografías que nunca. Probablemente mañana tendremos todavía más.

Quizá celebrar hoy la fotografía no consista en hacer una más.
Quizá baste con elegir una.

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