Festivales y cultura visual

ValenciaPhoto, cuando un festival de fotografía ocupa la ciudad

Hay festivales que pueden recorrerse entrando por una puerta y saliendo unas horas después. ValenciaPhoto propone algo bastante distinto: repartir la fotografía por la ciudad y convertir durante unas semanas plazas, museos, centros culturales, galerías y otros espacios en partes de un mismo programa.

La idea tiene atractivo. La fotografía abandona un único recinto, se mezcla con la vida cotidiana y puede aparecer donde quizá no habíamos pensado encontrarla. Pero también obliga a aceptar desde el principio que probablemente no veremos todo.

Quizá ahí esté una de las características que mejor definen la experiencia de ValenciaPhoto. No basta con elegir qué exposición queremos visitar. También hay que decidir un recorrido, calcular distancias, mirar horarios y asumir que una muestra interesante puede quedar al otro lado de la ciudad mientras estamos viendo otra.

Para algunos visitantes esa dispersión será parte del encanto. Para otros puede resultar cansada. En ambos casos modifica nuestra manera de acercarnos a un festival de fotografía.

Una ciudad convertida en espacio expositivo

ValenciaPhoto se presenta como Festival Internacional de Fotografía y Debate de Valencia y reúne exposiciones, fotógrafos, comisarios, editores y profesionales relacionados con la imagen. En su edición de 2026, dedicada al Mediterráneo como espacio de culturas, el programa volvió a extenderse por lugares muy diferentes entre sí.

Había exposiciones en el Centre del Carme, La Llotgeta, el Palau de Cervelló, espacios de la Universitat de València, plazas del centro, galerías, FNAC y sedes situadas incluso fuera de la ciudad.

Ese modelo hace que el festival no tenga una única atmósfera.

Una exposición en una plaza se relaciona con el ruido, los peatones y quienes la encuentran sin haber ido expresamente a verla. Una galería obliga a entrar. Un museo introduce otro ritmo y una muestra instalada en un espacio histórico establece relaciones que quizá no existirían dentro de una sala neutra.

La ciudad deja de ser únicamente el lugar donde se celebra el festival y empieza a intervenir en la experiencia.

Eso conecta con algo que ya planteábamos en Festivales de fotografía, una nueva forma de vivir las imágenes: en una época en la que vemos una cantidad enorme de fotografías sobre pantallas, un festival devuelve a las imágenes una dimensión física y compartida. Hay que desplazarse hasta ellas, encontrarlas en un espacio y dedicarles un tiempo.

Cuando la fotografía se reparte por una ciudad, visitar un festival deja de consistir únicamente en ver exposiciones. También significa decidir qué recorrido queremos hacer entre ellas.

No hace falta verlo todo

Esta es probablemente la lección que cuesta más aceptar.

Un programa amplio despierta inmediatamente la tentación de completarlo. Marcamos exposiciones, trazamos rutas y terminamos convirtiendo una actividad cultural en una pequeña prueba de resistencia.

ValenciaPhoto puede producir fácilmente esa sensación. Las sedes están suficientemente separadas como para que el desplazamiento forme parte real de la visita y, cuando intentamos encadenar demasiadas, la fotografía corre el riesgo de convertirse en una sucesión de paradas.

Mi experiencia fue precisamente esa. La dispersión por calles, muestras y espacios diferentes terminó cansándome más de lo que esperaba. No lo convertiría necesariamente en un defecto del festival: es una consecuencia de su formato y habrá visitantes que disfruten especialmente recorriendo la ciudad de ese modo.

Pero sí cambia mi manera de plantearme una próxima edición.

Preferiría elegir menos.

Dos o tres exposiciones que realmente me interesen, algún encuentro si merece la pena y tiempo suficiente para detenerme. Dejar fuera una muestra no significa haber visitado mal un festival. En ocasiones ocurre exactamente lo contrario: seleccionar permite mirar mejor.

También permite que aparezcan hallazgos no previstos. Una exposición que encontramos durante el recorrido, una conversación, una fotografía instalada en un espacio público o simplemente la manera en que otros visitantes se relacionan con las imágenes.

Un festival distribuido por una ciudad funciona mejor, al menos para mí, cuando dejamos de tratar el programa como una lista de tareas pendientes.

ValenciaPhoto 2027 ya ha empezado, aunque todavía falte casi todo

La web del festival ya mira hacia 2027 y anuncia como eje Nuevas identidades y geopolíticas, una propuesta centrada en cómo las relaciones de poder, los territorios, las herencias coloniales y las tensiones culturales intervienen en la producción y circulación de las imágenes.

Por ahora sabemos poco más. Las páginas principales dedicadas a exposiciones, artistas, actividades y programa todavía no permiten conocer cómo se concretará la próxima edición, y la convocatoria aparece anunciada con un escueto “En breve toda la información”.

No tiene demasiado sentido anticipar un festival que aún no existe sobre el papel.

Sí podemos esperar que mantenga algo que ya forma parte de su identidad: esa voluntad de convertir València en una red de lugares donde encontrarse con la fotografía.

Cuando llegue el programa habrá tiempo de elegir.

Y quizá esa sea la mejor manera de regresar a ValenciaPhoto: no intentando recorrerlo entero, sino dejando que algunas exposiciones sean suficientes para construir nuestra propia edición del festival.

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